La experiencia del perdón en realidad nos libera y mucho! En un sentido muy profundo, el perdón no es necesario ya que quien nos creó no nos juzga, somos inocentes desde y para siempre porque seguimos siendo tal y como fuimos creados; espíritus puros de luz, amor y poder divinos y sólo eso es real.

En nuestra experiencia humana Sí, (con S mayúscula) que necesitamos experimentar el perdón ya que hemos juzgado a alguien, nosotros incluidos y hemos sufrido por  la falta de consciencia propia o ajena.

Desde la perspectiva de Un Curso de Milagros, el cual aplico, debemos pasar por este proceso de perdón para recuperar la  inocencia y aprender a vernos a nosotros a y los demás como un niño que no sabe lo que hace.  La mayoría de nosotros podemos apreciar la inocencia de un niño cuando hace algo que podríamos llamar no apropiado y  no lo juzgamos porque entendemos que en el momento no tiene los recursos internos para hacerlo mejor.  Cuando el niño empieza a crecer en edad, aunque puede ser que no haya crecido en recursos; empezamos a culparlo, a hacer juicios sobre él y la culpa siempre busca castigo.  A veces ese niño, somos nosotros mismos, nos sentimos culpables y nos castigamos; nos hemos juzgado, nos hemos castigado y hemos culpabilizado a otros que crecieron sin recursos y aún no lo saben.

Todos hemos actuado en algún momento fuera de la luz y del  amor, todos hemos utilizado nuestro poder inapropiadamente y así hemos traido dolor y sufrimiento al mundo, unos en mayor escala que otros.  No se trata de negar lo ocurrido, no se trata de que no haya justicia, no se trata de ser el amigo de quien te hirió; se trata de liberar nuestra vida de ese dolor y sufrimiento, de ver al mundo inocente, tomar la responsabilidad o «habilidad para responder» para elegir liberar nuestro corazón y encontrar la paz interior que mora en él.

Lo que hicimos o nos hicieron es pasado; y sólo se puede sanar en el presente con una profunda aceptación y comprensión de lo ocurrido, encontrando el aprendizaje de la experiencia, aceptando nuestra responsabilidad, (jamás nuestra culpabilidad) y eligiendo vivir en paz porque cuando no perdonas es como estar pidiéndole al Universo, Dios o como quieras llamarlo: «Por favor, házmelo otra vez».  Libérate, perdona al mundo, sé libre y feliz; tal como fuiste creado. Namasté.

 

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